Estamos convencidos de que el capitalismo ha entrado en
una nueva etapa, una etapa en la cual el trabajo asalariado ha
dejado de ser la relación social predominante del sistema
socioeconómico. La globalización excluyente que depreda la
madre tierra, todo lo privatiza y le quita el alma, ha llevado la
injusticia social a tal extremo que ser explotado en las
condiciones legales vigentes es un verdadero privilegio.
Las conquistas del movimiento obrero son casi piezas de
museo, patrimonio de una porción cada vez más pequeña de la
clase trabajadora. La mayoría de nuestros compañeros no tienen
un patrón que quiera comprar su fuerza de trabajo a cambio de
un salario relativamente digno. Sin embargo, estos compañeros
de algo viven y no precisamente del aire o la caridad de los
poderosos. No se trata únicamente de la magra asistencia y los
miserables subsidios que el Estado reparte para contener a esta
masa de hermanos marginados de todo; nuestros compañeros se
inventaron su propio trabajo, allá en el barrio, en el subsuelo de
la Patria, en las periferias olvidadas por todos.
Muchos changuean, trabajan por cuenta propia, en familia y
hasta en cooperativas que los sectores populares fuimos
construyendo en los últimos años. Otros, con peor suerte, son
sometidos a nuevas formas de esclavitud porque sólo la
superexplotación del trabajo permite algún nivel de ganancia
para las empresas tecnológicamente atrasadas.
Al menos dos generaciones de argentinos no conocen la vida
de la empresa, la fábrica, el taller, nunca gozaron de un sueldo 2
digno, vacaciones, aguinaldo, obra social ni un sindicato que los
proteja de los abusos. No conocen el concepto de huelga porque
nuestra lucha está en las calles y los piquetes, en las fábricas
quebradas y tierras tomadas. No se trata ya de disputar la
plusvalía de tal o cual empresario sino de arrancarle al conjunto
de los ciudadanos socialmente integrados el mero derecho a la
subsistencia.
La contradicción fundamental en nuestra sociedad es cada
día más clara: están los que caben y los que sobran. Los
integrados y los excluidos. Los que son útiles para el proceso de
acumulación capitalista por un lado; los “residuos sociales” que
ensucian y amenazan la civilización burguesa por el otro. Los
que comen en la mesa y los que juntan las migajas.
Estos cuadernos están dedicados, inspirados y dirigidos a
los excluidos, a los marginados, a "los que sobran", a los últimos
de la fila... A esos compañeros que sufren en su carne las
injusticias del capitalismo y a quienes dedicamos toda nuestra
militancia. Los compañeros que tuvieron que salir a inventarse
el trabajo, revolver la basura en la noche fría para juntar plástico,
papel y cartón, pasar noches en vela para recuperar la empresa
quebrada, vender baratijas en trenes y colectivos, aprender a
producir artesanías para subsistir, tirar la manta en la calle frente
a la mirada adusta de la policía, bancar la parada en la feria, salir
con el carro a caballo a fletear, subirse a la moto arriesgando la
vida para llevar mensajes y encomiendas, cultivar la tierra frente
a la amenaza constante del agronegocio, sostener un
emprendimiento familiar ante la competencia de los capitalistas,
pintar una escuela o barrer las calles por un mísero subsidio,
cuidar chicos en el barrio, cocinar en los comedores, trabajar en 3
espacios comunitarios… Todos estos compañeros fueron
creando, desde esos basurales sociales, ejemplos de trabajo,
organización, lucha y dignidad. Lo que nosotros llamamos
“Economía Popular”.
La economía popular no está aislada de la economía global
de mercado. Los puntos de conexión son múltiples tanto a nivel
de la producción como del consumo. La propaganda incesante
nos arrastra al consumismo y muchas actividades populares
integran cadenas de valor de grandes empresas. Incluso el sector
financiero concentrado se beneficia de los intereses usurarios
que los pobres pagan por los préstamos personales.
Sin embargo, la economía popular tiene una característica
que la distingue: los medios de producción, los medios de
trabajo, están en manos de los sectores populares. De ahí que nos
atrevemos a soñar con un proceso de auto-organización de
nuestros compañeros que permita erradicar las tendencias
patronales del seno de nuestro pueblo pobre y construir una
economía popular comunitaria, solidaria, fraterna, socialmente
integradora.
La economía popular fue creciendo como hierba silvestre o,
si se quiere, como un árbol torcido. Basta ver las ferias de La
Salada, los talleres clandestinos o los galpones de reciclado para
notarlo. En general, prima la ley de la selva. Los de abajo
reproducimos la lógica de los de arriba. Estamos convencidos
que sólo la intervención consiente, constante y comprometida de
la militancia popular puede enderezar el árbol, disputando en el
territorio, en las unidades productivas y en el propio Estado
para avanzar en las conquistas sociales de nuestros compañeros. 4
En este proceso de trabajo, organización y lucha, si Dios
quiere, iremos sembrando en la conciencia, el corazón y la
experiencia de todos nosotros la semilla del hombre nuevo, de
un nuevo paradigma social para enfrentar al “dios dinero”,
superar el capitalismo y construir una sociedad de hermanos,
libres e iguales.
Lo que tenés en tus manos no es más que una pre-edición de
una colección de Cuadernos de Economía Popular que
redactamos para aportar en este proceso. Son meros borradores
que mandamos a la imprenta para llegar a distribuirlos durante
el “Taller Latinoamericano de Organizaciones de Trabajadores
Informales / Populares” que se realizará en la sede nacional de la
Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP)
entre el 19 y el 21 de marzo 2014 de cara a la discusión de la 103ª
reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT - OIT)
dedicada a “La transición de la economía informal a la economía
formal”.
Con las necesarias disculpas por las innumerables
omisiones, errores de ortografía, redacción, datos estadísticos,
etc. les dejamos esta edición preliminar de los Cuadernos.
Aunque los textos se basan en la experiencia Argentina, en
particular en la de la CTEP, esperamos sean de utilidad para los
compañeros y organizaciones de los hermanos países de la Patria
Grande.
Buenos Aires, 17 de marzo de 2014
Juan Grabois

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